Tener mascotas en un piso

Tener mascotas en un piso

Claves para no molestar a los vecinos

Uno de los primeros pasos que hemos de tomar en el caso de que, o bien nos vayamos a mudar a una nueva comunidad de vecinos siendo propietarios de una mascota, o bien estemos pensando en adoptar a un nuevo miembro de la familia que no pertenezca a nuestra misma especie, es conocer qué dicen los estatutos de nuestra comunidad al respecto. Por lo general estos estatutos solo se suelen referir a animales de tamaño medio (se da por hecho que no vamos a tener un caballo en el ascensor) y que puedan compartir en momentos puntuales las zonas comunes, es decir, perros. Un gato suele ser más hogareño, a excepción de alguna excursión ocasional, y no suele causar perjuicio a los vecinos, al igual que peces, aves, cobayas o conejos…

Sin embargo un perro tiene la necesidad de salir regularmente, y puede ladrar. Es por ello que muchas comunidades prohiben su presencia. Ante este supuesto, hemos de saber que nuestro derecho individual a la tenencia de perros es prioritario a los estatutos comunitarios. Sin embargo, lejos de aprovecharnos egoístamente de este derecho, debemos saber que es un privilegio que viene de la mano con ciertas responsabilidades.

Adaptarse a las necesidades de cada vecino

Somos nosotros los que debemos adaptarnos a los requerimientos del resto de vecinos, para evitarles toda molestia, y no a la inversa. Por ejemplo, si es una comunidad pequeña, estaría bien conocer la posición al respecto de cada vecino. No es necesario realizar una encuesta puerta por puerta, una conversación distendida en el ascensor puede ser suficiente para preguntar si tienen algún problema. Habrá quien sea un entusiasta de los Canis Lupus Familiaris, y no dudará en acariciarlo cada vez que os crucéis en el descansillo, y habrá quien no tenga especial interés o incluso quien tenga miedo a los perros. Conocer cada opinión y evitar, si es necesario, compartir el ascensor, puede ser la mejor manera de evitar conflictos.

Otra de nuestras responsabilidades es evitar molestias derivadas de la presencia del animal. Es obvio que hay que impedir la presencia de excrementos de nuestra mascota en el edificio, sortear las zonas comunes en las que el perro no pueda estar, prevenir los malos olores y sobre todo, los ladridos, quizá uno de los más frecuentes motivos de queja por parte de vecinos.

Educar al perro

Para impedir todas estas molestias, un factor decisivo es responsabilizarnos de la educación de nuestro perro. Un perro que convive con humanos en una comunidad ha de recibir un adiestramiento distinto a uno que vive, por ejemplo, en una granja. Hay que acostumbrarle a que no ladre cuando se queda sólo en casa, a que no interactúe con terceros a no ser que estos tomen la iniciativa, a hacer sus necesidades en el lugar indicado para ello, a pasear con correa y bozal y a ser amistoso con otras mascotas. Si bien, educar a un perro es una labor que exige tiempo y dedicación, es un esfuerzo que se verá recompensado en la convivencia, y sobre todo, es una responsabilidad por parte del dueño.

Autor/a

REINICIA
Fecha de publicación: 9/03/2017