Contratos de alquiler irregulares

Contratos de alquiler irregulares

Cinco cláusulas ilegales del contrato del alquiler

Vivir en régimen de alquiler se ha convertido en una práctica habitual entre un gran porcentaje de la población de nuestro país. Teniendo en cuenta la actual situación de la vivienda y de los salarios, suele convertirse en una experiencia puente entre la emancipación del hogar familiar y la adquisición de una vivienda propia. También suele ser habitual entre aquellos que han terminado sus estudios y aún no han encontrado la plena estabilidad laboral, por tanto se ven obligados a cambiar regularmente de vivienda, ya sea en la misma ciudad o mudándose a diferentes núcleos urbanos. Sin embargo, una vez nos hemos establecido, aunque sea de manera temporal, en un destino determinado, encontrar una vivienda adecuada a nuestras necesidades puede ser una odisea.

Lo primero que debemos definir es nuestro límite de gastos. A fin de cuentas, es algo con lo que tenemos un menor margen de flexibilidad. El siguiente punto a tener en cuenta es elegir la zona en la que vamos a vivir. Es importante tener en cuenta la distancia desde nuestra residencia hasta nuestro lugar de trabajo. Si vivimos en una gran ciudad, en muchas ocasiones encontrar casa cerca de nuestra empresa es debido a un golpe de suerte que no mucha gente puede disfrutar. Es por ello que debemos tener en cuenta los accesos de transporte. Si vamos a ir en vehículo propio tendremos que mirar la distancia y la saturación de tráfico en horas punta. Si en cambio nos desplazaremos en transporte público, tendremos que atender a horarios, frecuencia, transbordos y paradas.

Una vez que tengamos definidos el techo de coste y las zonas elegidas, podemos empezar la búsqueda. Criterios como si vamos a vivir solos o a compartir, si queremos un piso vacío o completamente amueblado o si queremos un ático o un interior vendrán definidos por nuestras capacidades económicas y por nuestros gustos personales. Sin embargo existe una última barrera a superar antes de entrar a vivir que no dependerá ni de nuestros gustos ni de nuestro salario. Y ese es el contrato de alquiler.

Existen diferentes contratos en el mercado inmobiliario, y dentro de esos modelos las características de cada uno son tan variadas como variados son los pisos entre si. Sin embargo, en estos tiempos en los que todo el mundo quiere acceder a la vivienda de sus sueños, ya sea mediante compra o mediante alquiler, están proliferando las cláusulas abusivas entre los diferentes modelos de contrato. Ojo, en muchos casos no es tanto debido al exceso de celo o picardía por parte del arrendador, como por desconocimiento o por la inercia al adquirir un modelo de contrata previamente redactado.

Por ello queremos dejar constancia de cinco cláusulas muy comunes en los contratos de alquiler que son a todos ojos, abusivas, y que podemos enmendar con toda la razón y con la ley en la mano.

Un año de permanencia

En muchos casos el contrato refleja que el inquilino deberá permanecer en el piso durante al menos un año. Según la reforma de la LAU realizada en 2013, el arrendador podrá dar por terminado el contrato una vez pasados los primeros seis meses. Si fuese así, la sanción impuesta al inquilino viene reflejada en la ley, pero para que dicha sanción se haga efectiva, ha de quedar reflejada en el contrato firmado.

Acceso libre a la vivienda

En el momento en que se firma el contrato de alquiler, el domicilio legal pasa a ser del arrendatario durante la duración del mismo. Eso incluye la inviolabilidad de dicho domicilio, tal y como queda registrado en la Constitución española. Por tanto, el casero no podrá acceder a la vivienda alquilada a no ser que cuente con consentimiento expreso del arrendatario, o que se disponga de una orden judicial.

No devolver la fianza

La fianza es un depósito entregado al arrendador tras la firma del contrato que tiene como finalidad garantizar el cumplimento de las obligaciones estipuladas en el contrato. Siempre y cuando dichas obligaciones queden cumplidas, ese depósito debe volver a manos del arrendatario una vez finalizado el contrato, y siempre y cuando todas las obligaciones hayan quedado satisfechas.

Pagar todas las reparaciones

La Ley especifica que el inquilino sólo tendrá que hacerse cargo de las reparaciones debidas al mal uso de los elementos de la vivienda. Sin embargo, es el casero quien deberá garantizar el buen estado general de la vivienda, así como hacerse cargo de los desperfectos derivados del paso del tiempo o del uso continuado.

Más de un mes por adelantado

Se está convirtiendo en una práctica habitual exigir al arrendatario varias mensualidades de renta por adelantado. Según la LAU, en ningún caso se podrá demandar más de un mes de pago por adelantado. La fianza, equivalente a una mensualidad, es obligatoria por ley, y el casero podrá pedir como garantía un mes de renta o un aval bancario, pero no más.

Por todo esto, es importante repasar concienzudamente el contrato antes de firmarlo, y hacer llegar a nuestro futuro casero todas las irregularidades que contemplemos en este, para hacer de nuestra estancia como inquilinos un periodo satisfactorio y adherido a la legalidad vigente.

Autor/a

REINICIA
Fecha de publicación: 16/07/2018